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Capítulo 2: Y continúa la historia…
Por Jésica Guinzburg
Manderlay, del director danés Lars Von Trier, es la segunda parte de la trilogía denominada Estados Unidos: Tierra de oportunidades; la primera, recordemos, es Dogville estrenada en el 2003.
Por su parte, Dogville fue en su momento, un filme que podríamos señalar como novedoso en lo que respecta al tratamiento del espacio: todo ocurre en un gran galpón que representa a un pueblo llamado Dogville, casi sin escenografía, con la utilización de muy pocos objetos, como camas o sillas, y las casas delimitadas por dibujos en el suelo hechos con tiza. Con Nicole Kidman como protagonista, su personaje Grace, escapaba de su padre con el cual ideológicamente mantenía muchas diferencias. A lo largo de la película, pueden observarse los intentos desesperados de la muchacha para que ese pueblo americano, alejado y extraño, la acepte y “se deje ayudar”. Aunque finalmente, y quizá bastante tarde, se da cuenta de la imposibilidad de sus deseos.
Pues bien, Manderlay, podemos decir, cuenta con el mismo tratamiento del espacio: la misma carencia de escenografía realista, casas y árboles representados mediante dibujos hechos con tiza en el suelo, algún que otro animal (en Dogville un perro, aquí un burro), camas, sillas, y rejas que delimitan al pueblo y lo separan del afuera. A su vez, el manejo de la cámara es manual en casi todo el filme como también en el anterior (siguiendo uno de los puntos expresados en el Dogma 95, manifiesto firmado en ese año por Lars Von Trier junto a Thomas Vinterberg sobre cómo hacer cine). Al igual que Dogville, Manderlay está divida en capítulos, rotulados mediante intertítulos, que de manera literaria, nos informan de la temática de cada episodio. A su vez, y al igual que Dogville nuevamente (las similitudes entre ambos filmes son demasiadas como podemos observar) un narrador omnipresente, por medio de la voz en off de John Hurt esta vez, nos va contando y hasta anticipando cómo se desarrolla la historia, como así también los sentimientos de los personajes, sus reacciones, actitudes y pensamientos, mientras la cámara (la enunciación) se detiene en sus rostros.
En esta película la protagonista sigue siendo la misma Grace, aunque la actriz ya no es Nicole Kidman sino Bryce Dallas Howard, intentando mediante el peinado y el vestuario, parecerse a la primera. En esta ocasión, ella llega al pueblo con su padre (interpretado por Willem Dafoe), y lo que en el primer filme eran discusiones ideológicas que habían motivado la huida, en este, llegan juntos y mantienen una larga charla personal sobre la madre que ya no está con ellos. Grace observa desde afuera que en ese pueblo algodonero se mantiene el sistema de esclavitud, cuando técnicamente la esclavitud había sido abolida en el país hace 70 años. En una actitud que podríamos denominar “heroica” ella decide quedarse para “hacer entrar en razón” a aquel pueblo, a pesar de la negativa del padre. Con ella, se queda parte de los gángsters de él (Von Trier parece haber dejado de lado hace tiempo aquel punto del Dogma 95 que señala que no deben representarse asesinatos, ni deben haber armas en escena; aunque la escena de la matanza del burro y la escena sexual entre Grace y uno de los esclavos que se asemeja a una violación, las observamos sólo desde lejos). El deseo de Grace entonces, es promover el sistema democrático en ese pueblo, para lo cual termina con la “Ley de Mom”, imparte clases donde participan todos los esclavos, y hace trabajar a la familia blanca a la par de ellos. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, y al igual que la Grace anterior, sus intentos terminan fracasando. Esto lo anticipamos cuando por medio del sistema de votación que Grace enseñó al pueblo, deciden matar a una señora que comía a escondidas el alimento de una niña enferma. La protagonista entonces se hace cargo del asesinato. A partir de allí, todo va desmoronándose. El clímax del filme acontece cuando Grace se entera que Wilhelm, aquel viejo negro que desde un principio cree en ella y le pide que ayude a su pueblo, es quien ha escrito hace mucho tiempo el libro de la ley de Mom, el documento que reproducía el sistema de esclavitud en Manderlay. Aquí Von Trier hace notoria la relación dialéctica entre opresores y oprimidos, y la actitud norteamericana de imponer la democracia por medio de la violencia. Esta parece ser la tesis de toda la película. Grace, resignada, y luego de la venganza personal al hombre que la traicionó (al igual que en la primera película) decide huir, pero ya es tarde. Su padre, por medio de un ramo de flores arrojado en el suelo, le indica que ha partido nuevamente, y esta vez, a diferencia del final de Dogville, no está para salvarla de la difícil situación. Un grupo de hombres con antorchas la persigue mientras surgen luces en medio de la oscuridad (que daba la sensación de protegerla).
¿Es posible entonces, pareciera preguntarnos el director, imponer un sistema por sobre otro en un tiempo tan acotado, cuándo aquellos que forman parte del viejo sistema, todavía no han modificado de base su conciencia y no sienten molestia (o al menos no la expresan) con esa forma de vida, a pesar de ser diferente a las otras? Von Trier deja la pregunta abierta a la reflexión, y de manera desafiante, provocativa, pero también sensacionalista (como suele ser todo entorno a él) incluye imágenes de hombres negros siendo castigados y oprimidos en los Estados Unidos, a su vez imágenes de desfiles nazis y también imágenes del 11 de Septiembre; mientras de fondo suena un jazz y los créditos aparecen.
Ficha técnica:
Manderlay
Dinamarca - Suiza - Nueva Zelanda – Alemania
Francia,
2005, 139 minutos.
Dirección
Lars Von Trier
Guión:
Lars Von Trier
Fotografía:
Anthony Dod Mantle
Música:
Joachim Holbek
Montaje:
Molly Malene Stensgard
Protagonistas:
Bryce Dallas Howard, Isaach de Bankolé, Danny Glover, Willem Dafoe, Lauren
Bacall