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El fin justifica los medios
Por Griselda Soriano
Enrique Piñeyro es un personaje extraño: piloto, médico, actor y director cinematográfico, y a través de sus films, sin duda, se trasluce esta extraña multiplicidad. En Fuerza Aérea Sociedad Anónima, su segundo largometraje luego de Whisky Romeo Zulú (2003), se vuelve hacia el documental para retomar el tema que lo obsesiona: la seguridad aérea. Y queda claro que la pasión de Enrique Piñeyro no es tanto el cine como la aviación. ¿Es eso algo que deba ser juzgado negativamente a la hora de llevar a cabo una crítica de su film? No necesariamente. Porque, en un país como el nuestro, la necesidad de denunciar las inverosímiles irregularidades que nos rodean es tan imperiosa y tan poco frecuente que, en vez de criticar a Piñeyro por no utilizar con más cuidado las herramientas cinematográficas, uno no puede más que felicitarlo por su voluntad de revelar ante quien quiera escucharlo la vergonzosa impunidad con la que la Fuerza Aérea maneja (por decirlo de alguna manera) la aviación civil argentina.
En Fuerza Aérea Sociedad Anónima el cine se reafirma como un poderoso instrumento de denuncia. Más cerca de la investigación periodística televisiva que del documental cinematográfico, Piñeyro no se propone desarrollar aspectos formales o estilísticos sino transmitir lo más claramente posible la insostenible situación en la que se encuentra la aviación civil en nuestro país y la corrupción que la ha llevado a este estado. Para eso se vale de variados recursos: imágenes de archivo, filmaciones realizadas con cámaras ocultas en la torre de control del aeropuerto de Ezeiza, documentos, maquetas, animaciones, y un didactismo envidiable a la hora de exponer cuestiones tan lejanas para el común de los mortales como el funcionamiento de un avión o las normas de aviación vigentes (e incumplidas). La presencia en pantalla del director es constante a lo largo de todo el film, lo cual ha llevado a hablar de cierto egocentrismo o a asimilarlo a Michael Moore (que parece ser el elemento de comparación ineludible para todo el que se atreva a hacer un documental que implique denuncias), pero lo cierto es que, en cada aparición, Piñeyro destila una pasión y un compromiso con la causa a la que se ha dedicado que no puede más que generar simpatía, y no parece estar esforzándose por sobresalir sino por llamar la atención sobre un asunto que considera de vital importancia. También se ha dicho que presenta un solo lado de la cuestión, cerrando el debate, pero cuando un misil está a punto de estrellarse contra un avión de pasajeros sin que nadie lo advierta, o cuando los operadores de la torre de control del aeropuerto internacional de Ezeiza no manejan el inglés (entre muchas otras ridiculeces) no parece haber mucho que debatir, y sí infinitos asuntos por resolver.
El estreno del film fue acompañado por el anuncio de la futura desmilitarización del control de la aviación civil y, aunque el gobierno afirmó que era una decisión ya tomada, es factible pensar que la película de Piñeyro aceleró las cosas al poner en foco una cuestión prácticamente ignorada por el público en general. El director incluso fue citado a declarar ante la Justicia, entregando, entre otras pruebas de corrupción, una copia de su película.
Fuerza Aérea Sociedad Anónima demuestra así que, en este tiempo donde la televisión a veces parece haberle ganado de mano al cine, las películas todavía conservan una enorme potencia social. El film podría haberse adaptado sin problemas al formato televisivo, pero de hacerlo el peso de su denuncia se habría diluido, perdido entre los infinitos escándalos que pululan por las pantallas hogareñas. De ninguna manera propone esta crítica que ese sea el único camino que el cine deba seguir, ni que para tener sentido deba subordinarse a problemáticas que lo trascienden, pero es un camino posible, entre tantos otros, y como tal es respetable, y en muchas ocasiones necesario y elogiable. En el caso de Fuerza Aérea Sociedad Anónima, sí, sin duda alguna, el fin justifica los medios.
Ficha técnica
Argentina, 2006, 35mm
84 Minutos
Director: Enrique Piñeyro
Producción Ejecutiva: Verónica Cura
Guión: Enrique Piñeyro
Director de Fotografía: Ramiro Civita y Marcelo Lavintman
Montaje: Germán Cantore, Lorenzo Bombicci y Alejandro Brodersohn
Director de Sonido: Marcos de Aguirre
Música Original: Eduardo Criscuolo
Asistente de Dirección: Federico D'Auria
Fecha de estreno: 31 de agosto de 2006