Del papel de la crítica

    ¿Cuál es el papel de la crítica hoy en día? ¿Ver películas y orientar al público o ver películas para solaz del crítico? Este insano ejercicio caníbal (todavía no hay máquinas que hagan cine) no lleva a ningún otro lugar más que a su desaparición. Cuando menos hay críticos que miran films y están aquellos que escriben sobre películas que ni siquiera vieron. Sobre esto último usted seguramente habrá escuchado tremendo rumor. Bueno, como dijo Serge Daney (¿hace falta presentarlo?) sobre su otra pasión, lo que tiene de bello el tenis es que hay que esperar la primera pelota del partido antes de comenzar a escribir. Si uno no vio el match aunque haya terminado no puede mentir al respecto. Lo mismo podría decirse del cine; Wittgenstein ampliaría el campo a valores éticos diciendo “De lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse”. Justamente Daney quien escribió un famoso artículo sobre un film que nunca vio ni quiso ver,  aunque precisamente no estaba haciendo allí una crítica.

    Servidumbre de la prensa, arremetía Daney. Mezquindad y avaricia de los medios que contratan  estos críticos a los que podemos recriminarles una falta de pasión por el cine, aun cuando estén obligados a ver malos films, pues sobre ellos también se puede y debe escribir para el lector-espectador. Al fin y al cabo, el público es autónomo y atrás (muy atrás) quedó el tiempo cuando la crítica deshacía o hacía el éxito de un film. Para el señero crítico argentino Calki –tal como recordaba su colega Braccamonte- las críticas no tienen la menor gravitación en las taquillas. Así se entiende que Bañeros 3 todopoderosos recaude más que Volver de Almodóvar. Entonces no hay temor en una reseña desfavorable –si esta está hecha con conocimiento, responsabilidad y sin atacar la persona del realizador-, “enfurecerse (decía Calki) es reflejo de la vanidad herida”. Sin embargo tal crítica existe. Pero una cosa es no ver las películas (porque el crítico se queda dormido en la proyección, o porque tiene gente que escribe por él o ella) y otra muy distinta es quedarse embriagado por el ritmo, el movimiento, cegarse por el montaje y los efectos de artificio y no ver…la película!

    Por eso es fácil imaginarse, o toparse, con diferentes tipos de crítica en las que unos están más pendientes de lo que escriben los otros. De esta forma llegamos a lo que François Truffaut bautizó como odio entre clanes, grupos encerrados en su propio mundo, en su propia maldad. Fariseos del cine, arriesgamos nosotros, críticos honrados cuya rectitud se alimenta con la sangre de sus atacados.

    En resumen para El ángel exterminador, aunque parezca presuntuoso y nada ingenuo, un crítico debe actuar como lo que Eric Rohmer alguna vez llamó un amateur éclairé, un juego de palabras que sirve para designar tanto al aficionado ilustrado como al amante deslumbrado. Eso mismo, alguien que ame ver cine.

 

El editor.