Cruce, intersección, encuentro

 

                                     Por Daniela Espejo

         Una película es una manera de ver el mundo. Una de las tantas. Con desesperación, con resignación, con alegría, con sensibilidad... Tantas como los seres que lo habitan. Santiago Loza, en su primer largometraje después de Extraño (2004), se hace cargo de su subjetividad y nos la devela, nos la muestra, pequeña, suave, tímida pero a la vez muy presente. Su mirada, su particularidad. Esas son las claves para entender este film.

        Y para plasmarla esta vez le da su voz a Cuatro mujeres descalzas (2006) o, más bien, cuatro mujeres perdidas, desprotegidas, sueltas. De esto nos quiere hablar, está claro. Desde el comienzo, notamos que es la intimidad de los personajes, pero la intimidad interna, es decir, escondida en el lenguaje, la que va a protagonizar el film. Cuatro mujeres que quieren expresarse, que se preguntan y buscan alrededor del lenguaje cómo decir, cómo materializar en palabras aquello que sienten.

        Espacios despojados las cobijan: sus casas. Constantemente vemos interiores iluminados pero cerrados en sí mismos. Las cuatro mujeres se mueven en estos espacios que las protegen de la luz del día, de la exposición de la luz. Las cuatro son del interior del país y parecerían tenerle miedo a la gran urbe porteña. Sin embargo, hay un extrañamiento deliberado en el espacio, como si no pudiéramos reconocer la ciudad hasta que se nos muestran sus autopistas, lugares de transición, intermedios, sólo poblados por autos. No es un lugar que uno suele recorrer...

        Sin embargo, de noche se aventuran a salir. El calor y la soledad de la ciudad veraniega son sus compañeros. O más bien, se hacen compañeras entre ellas en esa noche. Como dice María (Mara Santucho): "Compañero quiere decir 'con quien se comparte el pan' ". Se acompañan, se escuchan, se ayudan. Esa es la misión de la pequeña comunidad que casualmente conforman.

        Son personajes suspendidos en su propia inacción. Sujetos a sus pequeñas relaciones, a sus detenciones y esperas. Miran, hablan, están en transición. Pero en esta desolación, sabemos que hay una esperanza. No es una película resignada y triste, es una película que se encuentra en el zaguán de una casa llena de flores, dando pasos lentos y certeros para entrar. Si la autopista es una bisagra que une la ciudad y el campo, la película está también en ese intermedio. Como el personaje de María Onetto que está embarazada y después de mucho dudar decide tener su hijo.

        Podemos pensar que la continuación del film daría lugar a nacimientos, acciones, cambios. Pero eso no es lo importante. No nos importa saber qué pasará. El film es hacer foco en el cruce, la intersección y poder detenernos ahí, sin saber bien de dónde venimos ni adónde vamos. Hacernos cargo de la incertidumbre.

 

 

Ficha técnica:

4 MUJERES DESCALZAS

Argentina, 2005.

Dirección y guión: Santiago Loza.

Asistentes de dirección: Julio Ianmmarino y Lorena Moriconi.

Fotografía: Willi Behnisch.

Dirección de arte: Alejandra Taubin.

Música: Fernando Tur

Producción ejecutiva: Martín Loza.

Jefe de producción: Silvana de Francesco.

Intérpretes: Eva Bianco, María Pessacq, María Onetto y Mara Santucho