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Por Pamela Gionco
El sistema de géneros sigue funcionando. Y cada tanto aparece en cartel “una de miedo”. Noche diabólica conjuga, ya desde la secuencia previa a los créditos una imagen extraña y un particular morbo. Una feliz familia transita por una ruta en el desierto, hasta que paran un momento por ciertas necesidades fisiológicas. Al instante, el perro de la familia, que había corrido a un matorral, reaparecerá sangrando. Y el padre, sin la mitad del rostro. Este fragmento tendrá poca o nula relevancia en el resto de la película, pero será uno de los recursos para el miedo.
El film empieza entonces con la expectativa de un viaje en auto de un grupo de jóvenes que, al parecer, no se conocen (presentaciones correspondientes), o bien se conocen poco. El viaje en cuestión es al Área 51 que, como nuestro Cerro Uritorco, estimula la fiebre alien y las fiestas con música electrónica. El terreno desértico por el que transitan los personajes dará un asfixiante marco a las situaciones que comenzarán cuando la conductora y dueña del auto tome conocimiento de que uno de los jóvenes tiene grandes cantidades de una droga llamada Killer . Ofuscada, frenará el coche y exigirá que el pasajero se baje. Al recordar que están en medio del desierto, y dadas las características del lugar no hay señal para teléfonos celulares (es decir, lo dejaría varado en el medio de la nada), deciden volver y dejar al joven y su cargamento en la cafetería-estación-motel que acababan de pasar. La extraña desolación del lugar, en plena noche, será el comienzo de la noche del Reeker, que perseguirá a los protagonistas, obviamente, hasta la muerte. El término reeker quiere decir “hediondo”. El engendro que aparece en escena es la misma encarnación de la muerte, que se reconoce por su olor a putrefacción (evidenciado por un efecto visual de blureo de la imagen). La luz del sol es una sutil esperanza para escapar de los monstruos, pero, al igual que en La casa de los mil cuerpos (2003) de Rob Zombie, el día no hace desaparecer la pesadilla.
El extrañamiento del film se construirá no sólo desde el argumento, sino también desde la imagen, unificando en el mismo encuadre primeros planos con planos generales, así como también desde el sonido, que reproducirá el ruido de la radio que no pueden sintonizar los personajes. El espacio, a su vez, se convierte en laberíntico por el uso que el director hace de la cámara. La mostración (de la cafetería a una habitación del motel a un cuartucho con elementos cortantes) no busca crear espacio, sino encerrarnos en él. La sucesión de planos se estructura en base a la más pura excusa del género: impresionar al espectador, crearle constantemente la sensación de que algo o alguien va a pasar.
Esta película indie combina: fiebre alien , paranoia biológica, drogas, zombies, pesadillas nocturnas, un médico psicópata, leyendas urbanas, carne podrida, Biblias manchadas, flash-backs incomprensibles, la Muerte ( it self ), hedionda y sádica, cuerpos mutilados, sangre y gore . La sumatoria progresiva de elementos va a asfixiando al espectador hasta saturarlo, cayendo en la definitiva incomprensión y consecuente indiferencia. Sin más, la combinación además de ecléctica es incoherente. Lo que sí queda demostrado es que el film esta puramente construido para el espectador, no sólo porque los personajes no recordarán nada de esta noche diabólica, en la que el diablo no asoma ni la cola, sino porque la inclusión de un personaje ciego le permitirá al director jugar con la imagen y mostrarnos cuerpos, sombras que pasan, pedidos de ayuda que no tendrán incidencia en el film, pero si desbordarán en el efectismo propio del género.
Es sabido, al menos por los críticos, que el género de terror está en franca agonía. Entre los que postulan a Noche diabólica como claro ejemplo de esta crisis y los que afirman que es pauta del resurgimiento del género, reivindicamos la mera existencia del film, que, a pesar de su pobre argumento, es indiscutible en la calidad de su imagen y de los buenos momentos gore . Claramente logra impresionar, aunque sea por el sólo hecho de hacerlo. Siéntese y disfrute. Después de todo, el género nos brinda una oscura satisfacción al ver al presumido correr y a la rubia gritar.