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por Luciana Azul Calcagno y Daniela Espejo
El ciclo "Un humor a la francesa" presentado entre el lunes 14 hasta el viernes 18 de agosto reunió cinco largometrajes y siete cortometrajes que pretendían tener en común el tema del humor. Este ciclo tuvo lugar en la Alianza Francesa de Buenos Aires, cuya sala forma parte del ínfimo circuito de cine alternativo que tenemos en la Capital.
Los siete cortometrajes que presentó el ciclo fueron animaciones, que de no haber sido por esta ocasión, difícilmente hubieran llegado a nuestro país. Con pocos recursos nos demostraron que no es necesario recurrir a grandes tecnologías ni a complicadas técnicas de animación para sorprender al espectador. Estas animaciones, que representaron desde sátiras de Caperucita Roja ( Drame dans la forêt , Thérèse Mallinson, 1979) hasta una "tormenta" de dulces ( La tartelette , Jacques Colombat, 1968) fueron lo mejor de este ciclo. Los largometrajes, que fueron agrupados con un criterio de selección bastante pobre, respondían supuestamente, y al igual que los cortos al tema del humor. Sin embargo, llamó bastante la atención la heterogeneidad del material seleccionado teniendo en cuenta que los cortos fueron de animación y producidos entre 1968 y 1987, mientras que los largos fueron rodados en los últimos cinco años. Es verdad que las diferencias culturales entre un país y otro pueden generar algunos baches, pero la mayoría de los largometrajes podrían catalogarse como dramas -con pequeños respiros- más que comedias dramáticas, o comedias a secas mientras, que los cortos tenían un toque de comedia más evidente.
Cause Toujours (Jeanne Labrune, 2004) es un buen ejemplo de una película catalogada como cómica que termina siendo dramática cuando nos ponemos a reflexionar un poco sobre ella. Un matrimonio que vive en desconfianza entre sí, y para con los demás, un hombre desconfiado -otra vez- de sus compatriotas negros, y un mudo escalofriante que finalmente habla, dan por resultado un film que no puede llamarse comedia, a pesar de contar con 2 o 3 gags verbales de bastante buen nivel. El film utiliza a sus personajes para mostrarnos como reina la desconfianza entre todos y para hacernos desconfiar a nosotros también. Finalmente llegamos a la conclusión de que todos son honestos y sinceros, y que hay que confiar más en la gente. Pero si bien la moraleja es muy correcta, en el camino hacia ella la película no puede evitar hacer un cuadro perfecto de la sociedad francesa, mostrándonos todas sus bajezas y debilidades: no es graciosa una escena con dos amigos que duermen juntos en una cama y desconfían el uno del otro, es más bien homofóbica y retrógrada, al igual que la sociedad francesa actual. La sensación de amargura que nos deja este film, que desnuda los lugares comunes de los franceses (y también los nuestros, porque admitámoslo, en esta era de la paranoia, la desconfianza no es exclusiva de los franceses) está mucho más cerca de la angustia que de la risa resignada.
Otro de los films que pudieron verse en la muestra fue Le rôle de sa vie (François Favrat, 2004) protagonizada por Agnès Jaoui y Karin Viard, como la actriz más famosa del momento, Elizabeth Becker, y su asistente servil, Claire Rocher. Al comienzo, cuando se conocen, Elizabeth está encantada y cree que Claire será distinta a otras asistentes que tuvo anteriormente. Pero poco a poco se revela una fanática que nunca la contradice y le vive pidiendo perdón por cada mínimo error. Esta obra nos recuerda, en una versión más actualizada y menos inteligente en cuanto al manejo del relato y los puntos de vista, al film de Joseph Mankiewicz La Malvada ( All about Eve , 1950), en cuanto a la temática de la fanática que deviene en asistente y se vuelve incontrolable. Sin embargo, Le rôle de sa vie (literalmente, "El papel de su vida") presenta a una asistente mucho menos trepadora que Eve (Ann Baxter en el film de Mankiewicz) y con una concepción de la vida por lo menos estructurada, que intenta definir a las personas por "las que tienen brillo propio, son seguros de sí mismos y parecen invulnerables" y "la mayoría que se oculta detrás de la sombra de las otras y que las admiran". Claire, por supuesto, se identifica con este último grupo, pidiendo permiso para vivir siempre con las manos en su regazo. La vuelta de tuerca está dada al final, cuando, después de renunciar a su trabajo, logra publicar un libro y termina firmando autógrafos delante de Elizabeth, su ex jefa.
Por último, Violence des échanges en milieu tempéré (literalmente, La violencia de los intercambios en un medio templado , Jean-Marc Moutout, 2003) es un film que muy difícilmente podría catalogarse de comedia, teniendo en cuenta que el problema principal que plantea es el miedo al desempleo, la posición de quienes deciden sobre la eficacia de las personas y cómo muchos prefieren cerrar los ojos para llenarse los bolsillos. Philippe (Jérémie Rénier), un joven provinciano de 25 años, empieza a trabajar en una consultora muy bien ranqueada de París y se siente afortunado cuando su jefe (Laurent Lucas) lo elige para hacerle una auditoría a una empresa a punto de ser vendida. Al principio el personaje es valiente, defiende a los desprotegidos (como cuando a una chica que luego será su novia (Cylia Malki) la toquetean en el subte) y casi abandona el trabajo cuando le obligan a elegir qué personas son imprescindibles en la empresa y quiénes no. Sin embargo, en un segundo momento del film, Philippe abandona a su novia Eva, la valiente madre soltera que poco aceptaba los fines de la empresa donde trabaja su novio. Acepta la tarea asignada y audita al personal (o, en otras palabras, echa gente a la calle) y participa de una fiesta de la consultora donde se arenga a los invitados con el lema "Work hard, play hard" (que podría traducirse como "trabaja duro, juega duro", una frase que parecería aludir a la eficacia deportiva). Como en Match Point (Woody Allen, 2005), el personaje prefiere el bienestar económico a su felicidad. La mirada de Philippe al final del film nos recuerda a la de Chris (Jonathan Rhys Meyer) en la obra de Allen. El joven francés parece responder con esa mirada a la pregunta que le había hecho Eva apenas se conocen: "¿Nunca vas hasta el fondo de tus anhelos?".
A pesar de haber estado muy poco publicitada, la muestra comentada tuvo un recibimiento a sala llena en casi todas las funciones, lo que nos hace reflexionar sobre el lugar que tiene el público de los circuitos alternativos en la Capital : si estos ciclos se llenan, hay mucha gente que quiere ver otro cine, y que tiene que esperar dos o tres meses (o que a algún distribuidor se le ocurra estrenar un film no hollywoodense ) para hacerlo en las salas "normales", cuando debería poder hacerlo todos los jueves. Si bien el ciclo no intentó mostrar cine independiente, sirvió para acercarse a películas inéditas de la última producción francesa que pocas veces tenemos la oportunidad de ver en nuestro país y cortos de las mismas características. Sin embargo, sería interesante que el criterio con que fue seleccionado el material pudiera llevarnos a una reflexión mayor, sobre todo teniendo en cuenta que no hubo presentaciones que nos aclararan la intención de la inclusión de cada film en la muestra.