Resistir hasta el final

 

                                                                                                    Por Daniela Espejo

 

    Desde los primeros minutos del film de Saverio Costanzo, Domicilio Privado ( Private , 2004) advertimos que nos encontramos en una situación difícil. El padre de una familia palestina habitante de los territorios ocupados por el ejército israelí, Mohammed (Mohammed Bakri), defiende los principios de la no-violencia y la tolerancia. Su familia, integrada por su mujer y sus cinco hijos, no comprende la postura del padre intelectual pero debe acatarla entre discusiones y gritos. Hay que resistir a fuerza de pánico, llantos, malos tratos y terror psicológico. Resistir hasta el final. En este tironeo, ser fiel a los principios se vuelve un complicado desafío. Pero para Mohammed, este intelectual, profesor de inglés y admirador de Shakespeare, todo vale más que convertirse en refugiados, una figura equivalente a la nada.

    La situación se plantea cuando la casa en la que viven es ocupada por unos cuatro miembros del ejército israelí. Los soldados deciden instalarse en el segundo piso, puesto estratégico para divisar el territorio que los rodea y sorprender al enemigo, mientras que la familia deberá ocupar la planta baja hasta que por la noche serán encerrados en el living hasta el amanecer. La planta alta de la casa se convierte desde ese momento en un espacio vedado. Los soldados ocupan las habitaciones que son los espacios más íntimos de la casa, donde cada uno se siente invadido en su punto más débil.

    La situación es opresiva y difícil de sostener. Inestable. Y así lo registra la cámara, siempre en movimiento y flotando, sin seguridad ni puntos fijos. La fotografía muy contrastada pero a la vez poco nítida muestra ambientes interiores hostiles, poco iluminados y cerrados como prisiones. Pocos planos se ubican en el exterior de la casa, la mayoría de las veces se mira hacia el exterior por las ventanas. Un caso puntual es cuando los soldados amenazan con matar a Mohammed en el jardín y toda su familia mira la escena por la ventana del living. La cámara se anima poco a incursionar en el jardín, aunque los personajes lo tengan permitido durante el día, demostrando que las prisiones creadas por el terror y la violencia pueden dominar las mentes más valientes.

    Los ambientes oscuros, los espacios cerrados alojan a los personajes que tratan de dormir con un ojo abierto y el otro cerrado, sin poder descansar frente al acecho constante que se encuentra en el piso superior. Los pasos, los gritos, los tiros... El sonido da cuenta de lo que sucede en la planta alta, de aquello que no podemos ver, la intromisión del enemigo en lo más sensible de los personajes. Los distintos idiomas se cruzan y aportan a la incomprensión, a multiplicar los límites que separan a unos de otros.

    De hecho, uno de los puntos a destacar del film es que fue protagonizado por actores israelíes y palestinos. Ambos grupos hablan en sus respectivos idiomas y solo pueden comunicar a través de un inglés muy precario, a excepción del que habla el padre de la familia. Esta imposibilidad de comunicación está particularmente marcada cuando la amiga de Sara, la madre, llega de visita y los soldados le explican que no debe volver nunca más. Con dos palabras en un inglés básico, las amigas se separan y la familia queda aislada.

    Está claro que la película toma partido. El punto de vista está focalizado en la familia palestina, sobre todo en los dos hijos mayores, Mariam (Hend Ayoub) y Jasam (Marco Alsaying). La primera, de 17 años, en un primer momento se opone a su padre y prefiere la lucha a la no-violencia que propugna este. Sin embargo, poco a poco, a través de sus distintas expediciones de incógnita a la planta alta, va descubriendo el lado humano de los soldados y entendiendo mejor la postura de su padre.

    El personaje intenta obtener información sobre los ocupantes a través de su mirada desde dentro de un placard. La pantalla se reduce a un octavo de su extensión para ubicarnos en la posición del espía que solo ve una parte de lo que podría ver si no estuviera mirando a través de la puerta entreabierta. Este plano subjetivo se sostiene durante un tiempo considerable las distintas veces en que se presenta. La duración contribuye a transmitir el miedo y la angustia de Mariam siempre al borde de ser descubierta. Pero también nos informa sobre la valentía y la voluntad de resistencia del personaje que utiliza su mirada como un arma.

    Ninguno de los miembros de la familia conoce de estas escapadas ni sabe qué riesgos está corriendo la joven. Ella se entera de que su hermano más chico Karem (Karem Emad Hassan Aly) la descubrió cuando lo ve subir la escalera desde su escondite en el placard. Mariam le da al pequeño una explicación tranquilizadora según la cual ella habla con los soldados en inglés y los conoce bien. Pero en realidad, no entiende el hebreo y solo podrá percibir las distintas personalidades de los soldados y descubrir los conflictos que se suscitan entre ellos a través de la mirada. Uno de ellos, Eial (Tomer Russo), la descubre y calla. Tal vez el soldado menos severo de los cinco lo sea gracias a su conexión con la música.

    Jasam, por su parte, sueña con formar parte de la guerrilla palestina y vengar el dolor por el que está pasando su familia. Aquí entonces vemos como se opone drásticamente a la posición del padre, aunque nunca lo revele. Sus actitudes y acciones lo descubren, esconde un objeto para abrir la puerta que los encierra a la noche y una granada que encontró en el piso superior. Jasam no comprende las decisiones de su padre pero tiene que respetarlas.

    El invernadero es su espacio de acción, prefiere usarlo como territorio de conflicto que como canal para practicar la paciencia y la no-violencia de su padre. Si bien el recinto se encuentra al aire libre, las imágenes que lo muestran desde el interior son otra vez opresivas y la luz que se cuela por el plástico translúcido es pálida y desteñida. Aunque les destrocen el invernadero veinte veces, veinte veces lo reconstruirán. Así Mohammed profesa su fe en Alá en todos los actos. Esta profunda creencia lo ayuda a resistir, seguir adelante y guiar a su familia.

    Basada en una historia real, Domicilio Privado fue realizada por un director italiano y rodada en la zona de Calabria. Fue enviada como representante italiano para postularse al Oscar pero como el film no es hablado en su idioma de origen, fue rechazado.

    El film plantea la incidencia de un conflicto antiguo en un espacio reducido. Un espacio doméstico en el que se inmiscuye la guerra, no hay forma de escaparle. La guerra se instala en una casa, donde los bandos conviven y sufren separados por una pared. Y en este pequeño espacio privado, se descubre lo absurdo de la violencia, hecha por seres humanos contra otros seres humanos. Todos tan desvalidos frente al dolor. Se descubre el poder de las ideas y de la resistencia. Pero también el sufrimiento y el miedo.

    Las secuelas de la resistencia de esta familia no serán leves, cambiarán diametralmente el futuro de cada uno de ellos. Podemos intuir en cada uno un deseo distinto que los separa. Solo la autoridad del padre los mantiene unidos ahora. ¿Hasta qué punto el film nos deja un aliento de esperanza? Quizás el final abierto lo sea, aunque con un tono oscuro que no podía faltar.

 

Ficha técnica:

Título Original: Private

Título en Argentina: Domicilio Privado

Año de estreno: 2004

País de origen: Italia

Director: Saverio Costanzo

Asistente de dirección: Monica Ricci

Guión: Saverio Costanzo, Sayed Qashua, Camila Costanzo y Alesio Cremonini.

Productor: Mario Gianani

Director de Fotografía: Luigi Martinucci

Música: Alter Ego

Sonido: Gabriele Moretti y Antonio Dolce

 

Intérpretes:

Mohammed Bakri: Mohammed B.

Lior Miller: Comandante Ofer

Tomer Russo: Soldado Eial

Areen Omari: Samiah B.

Hend Ayoub: Mariam B.

Karem Emad Hassan Aly: Karem B.

Marco Alsaying: Jasam B.