¿Hay alguien allí afuera?

                                                                                            Por Jimena C. Trombetta

 

    Rodrigo Moreno, director quien tras haber ganado un premio en el Festival de Berlín gracias a su opera prima, El Custodio , intenta pelear ante la reducción de salas que se genera entre la postura: “la película no tuvo el éxito esperado”, y la clara destinación de los espacios cinematográficos a películas que al margen de su calidad resultan de mayor interés comercial. Por otro lado, el premio en cuestión no sólo responde a la maestría del director, porque dicho sea de paso, en los festivales de países europeos están cansados de destacar el Nuevo Cine Argentino, como concepción estética del cine que supera incluso el estilo personal de cada director (un comentario para reflexionar hacia aquellos que el cine argentino les genera urticaria).

    Paradójicamente y antes de que Moreno intuya la respuesta de las salas, e instituciones cinematográficas de la República Argentina , decide filmar la historia de un hombre que reduce su vida a pasar inadvertido, opacado por un supuesto Ministro de Planeamiento al que tiene que cuidar de ataques y peligros inexistentes, que hacen de Rubén (el custodio) un hombre que simplemente espera, y bajo esta espera vemos consumir su vida en un sin sentido. Rubén tiene familia, pero su familia además de estar reducida a la hermana loca, una sobrina “cantante” y una serie de amigos que no lo son demasiado, es el tiempo sobrante de su rutina. Esta rutina se limita a compartir horas con: su colega, la familia del Ministro y la serie de amigotes del mismo, con quienes Rubén casi no habla, sólo lo mínimo e indispensable que le permita realizar bien su trabajo.

    De este modo , El Custodio es una película de espaldas, de nucas, se instaura sobre el espectador como un espía sentado en el asiento trasero del auto. Pero esta ubicación del espectador con respecto al punto de vista del personaje nos genera una contradicción entre ser parte del custodio e identificarnos con él casi automáticamente –pues no en vano la actuación es llevada de la mano de Julio Chávez, actor de renombre si los hay, y que en comparación con el reconocimiento del resto del elenco marca una diferencia abisma l- y por otro lado sentir un distanciamiento radical, a causa del relato que nos propone el film: espacios despojados, prolijos encuadres, y música casi inexistente.

    Además el relato desde un primer momento –utilizando el fuera de foco (recurso que resulta de coherencia formal para mantener el distanciamiento)- nos mantiene detrás del personaje esperando algún conflicto, algo que nos de la pauta que Rubén es humano, que reacciona ante la presión de las situaciones de desprecio e indiferencia propias de la elite en donde se maneja. Insistimos, Rubén es la composición de un personaje sombrío, completamente dividido entre su vacío y su represión. Pero es la indiferencia de los hechos lo que genera el dramatismo, el resultado opresivo, la presión asfixiante y angustiante del film, no el personaje en sí, pues nadie en la historia es conciente realmente de lo que se genera por debajo.

    Por un lado, el personaje es parte de esta sociedad, no disfruta. Rubén coexiste con el silencio, el propio y el del relato, coexiste con la fragmentación de su vida trabajada a través de la intervención de puertas y postes que lo cortan o lo ocultan, de planos generales que lo alejan, de espaldas que lo niegan, y de desenfoques que lo vuelven irrealidad; ¿y que más lejano que la irrealidad en un film crudo y extremadamente realista? Consideramos que nada. Entonces si redundan recursos que expresan la indiferencia, ¡que valga la redundancia! Porque a través de ella quizás alguien, aunque no todos, logre entender lo que la indiferencia provoca. No creemos que sea un mero efecto, creemos que busca la reacción, y la busca específicamente en los espectadores más indiferentes, aquellos a los cuales hay que repetirles las cosas por lo menos tres veces para que las comprendan.

    Por el otro, si vemos planos medios de frente o primeros planos es cuando el director decide mostrarnos un mínimo de humanidad Por ejemplo, cuando mira el mar desde el Hotel Provincial de Mar del Plata, mira a la hija del Ministro en la cocina de la quinta, interactúa con la mucama, o dibuja el rostro de la esposa del francés que trabaja en la UNESCO. Pero esta humanidad es ínfima en la generalidad del film. Porque este nivel de humanidad en Rubén es menospreciado por el entorno y por las contradicciones propias del personaje. Al que angustia el dibujo olvidado, es a quien decide mostrar el plano detalle del mismo, y a su vez al espectador que por un segundo dice “pobre tipo”. Sin embargo, no estamos al lado del personaje, miramos con omnipotencia, nos salimos fuera de él. Y este, no es el único momento; con una panorámica vemos la quinta del Ministro para detenernos en la hija de éste, mientras Rubén duerme. Así se nos afirma como espías.

    Por lo tanto, el film es atravesado por estas cuestiones de presencia de autoría, a partir de las angulaciones, de los picados y contrapicados que casi nunca se refieren a la mirada del custodio.

    Así, resulta un film de contradicción que varía entre la cercanía y la lejanía de un hombre que vigila a alguien tan insignificante como él. La insignificancia del Ministro, se contrapone a los breves lapsos de tiempo en donde Rubén interactúa con sus familiares y personas ajenas a su trabajo, la sobrina que canta en su cumpleaños, la hermana loca, la prostituta; y nuevamente nos ilusionamos con el fin de compartir algo, pero todo sale mal, la sobrina debe ser defendida por “el custodio”, la hermana no lo escucha y ante el acto sexual con la prostituta nos cierran la puerta. Ergo, imposible conocerlo y eso resulta ser lo más sorprendente del film.

    A través del plano final contemplamos sobre todo el punto de vista de quien nos cuenta la historia, pues si atinamos por una enésima de segundo, y como esfuerzo final volver a identificarnos con el custodio, en este plano, él nunca vuelve a aparecer, pues el narrador nunca nos muestra que el custodio disfrute de la libertad, tal vez lograda.

    Entonces la riqueza del film, se centra en las contradicciones producidas en el espectador, estas idas y vueltas de las emociones, que varían de un opresivo vacío, a la angustia de ver frustrado el deseo de identificarse. Esto hace del film una construcción incómodamente valiosa que nos invita a cuestionarnos determinados parámetros instaurados en la sociedad. Señores con ustedes: la indiferencia .

Ficha técnica

 

Título: El custodio
Dirección: Rodrigo Moreno

Guión: Rodrigo Moreno
Intérpretes:

Equipo técnico:

Coproducción: Argentina - Francia - Alemania - Uruguay (2005)
Distribuidora: Primer plano

Género: Drama

Duración : 93 minutos
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Fecha de estreno en Buenos Aires: 6 de abril del 2006