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12º BAFICI: Foco Rogério Sganzerla
Por Jorge Medina
El involuntario secreto mejor guardado del cine brasileño fue develado por fin al público argentino: se trata de la obra del director Rogério Sganzerla (1946-2004). El director más independiente del cine independiente brasileño tuvo una simetría con la vida y obra de Orson Welles, tal como se encargaron de decir su biógrafo el crítico brasileño Ruy Gardnier (editor de la revista Contracampo, de publicación online como nosotros) o el alemán Peter Schumann. Durante años, la Historia del cine latinoamericano del crítico, historiador y apasionado por el cine de este continente Schumann -cuya traducción del alemán publicó en castellano la editorial argentina Legasa- fue el único referente que teníamos sobre el cine de Sganzerla. Como espectadores, el peso de Rocha o incluso el de un Pereira dos Santos (más el cine de que llegó censurado en los setentas y principios de los ochentas) fue más importante y opacó todo intento de poder descubrir su filmografía. De este libro recordamos el concepto de “cine sucio”, y no por sus temas o argumentos, sino por los escasos medios (técnicos, económicos) con que era realizado. En A mulher de todos (1969), parte de esta “pobreza” técnica solo está manifiesta en la puesta en escena; el resto parece una obra vanguardista muy de la época. Film feminista y a la vez de explotación femenina, es un relato sin relato sobre la cultura pop, las críticas a la alta burguesía, la lucha de clases, las historietas, la Coca Cola (es decir el consumo) en un tono de comedia burda algo soez pero no chabacana. ¿Erótica? No a nuestros ojos acostumbrados, pero fue una punta de lanza a un cine de liberación tan a la vanguardia como el cine revolucionario de Rocha. Parte de este éxito de sus primeros filmes (O Bandido da luz vermelha, 1968 y A mulher de todos, 1969) se debió en parte a la figura de Helena Ignez, a la sazón viuda del director, madre de tres hermosas hijas -una de ellas actriz- y, claro, musa inspiradora de toda su obra. El artículo de Quintín (en realidad su columna semanal) en el suplemento cultural de Perfil del domingo 25 de abril pasado rinde cuenta de manera un poco más detallada de esta relación: el cine de Sganzerla y el de Welles se tocan por la relación que tuvo el niño genio de Hollywood con Brasil (y los intentos frustrados de su proyecto It's All True, más por culpa de los estudios y la censura de Getulio Vargas que por una decisión personal de Welles a terminar su película), por ciertos aspectos biográficos coincidentes como empezar a filmar genialmente a los 22 años y las dificultades para continuar filmando (el exilio por la dictadura más el deterioro económico y cultural iniciado por los militares). Ahora, que Sganzerla sintiera fascinación por Welles es comprensible de la misma forma simétrica que éste estaba maravillado por Brasil. Pero Sganzerla no parece hablar el mismo idioma. Por supuesto, fuimos a conocer esta admiración por el gran Welles en sus dos películas Nem tudo é verdade de 1986 y Tudo é Brasil de 1997. El último es un documental en base a imágenes de archivo como noticieros, audios originales de Welles (otra vez el tópico “La guerra de los mundos”) más fascinado por descubrir la música brasileña que el folk “for export” de Carmen Miranda, fotos fijas inéditas; en fin, toda la parafernalia de un documental que bien podría ser de tv con una duración de media hora, aquí estirado hasta casi la hora y media. Es cierto que João Gilberto cantando “Adeus América” con la cámara desde un avión filmando el mar y las playas es de lo más emotivo que posee el film. Pero no alcanza: el film abruma y aburre. No le va en saga Nem tudo é verdade, intrascendente film de ficción sobre esta relación frustrada, este es el sentido de estos films, pues Welles tuvo mejores resultados en países como Mexico o España que en Sudamérica (en aquel viaje Welles bajó a Buenos Aires a recibir un premio por su contribución al lenguaje del cine por El ciudadano). Precisamente Lorenzo Codella en Positif (julio 1998) tildó directamente de mediocre Nem tudo é verdade y le sugirió a Sganzerla utilizar el material de Tudo é Brasil en un libro antes que una película. Sganzerla le dedicó un libro a Orson pero nada sabemos si se trató de esta idea o un estudio biográfico. Para Quintín, este film es una obra absolutamente genial. En materia de adjetivaciones, nosotros queríamos apuntar nuestro punto de vista y también sinceridad. Por qué razones: en Nem tudo é verdade, Sganzerla remarca la vanguardia, como sabiendo el carácter vanguardista de su obra; nada más soberbio y desestimable para el espectador. . |
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