La isla siniestra


Por  Jorge Medina

    La isla siniestra (Shutter Island, 2009, Martin Scorsese) es una adaptación de la novela escrita por Dennis Lehane. Tanto el film -que cita explícitamente a un personaje a Kafka- como el libro tienen un comienzo bastante similar a “La colonia penitenciaria” (o "En la colonia penitenciaria"), de 1914, magnífica obra del autor checo (en realidad austro-húngaro). Un funcionario estatal, un representante de la ley, y su compañero llegan a una isla donde funciona una penitenciaría y asilo de criminales de alta peligrosidad, (hasta aquí estamos hablando del film) para investigar la desaparición de uno de ellos. Tal ejemplo también recuerda a  Delirios de pasiones (Shock Corridor, 1963) de Samuel Fuller, donde un periodista se interna en un manicomio para investigar la muerte de un paciente hasta ser declarado insano. La isla siniestra pasa de ser un policial ambientado en los años 50, con una temática utilizada posteriormente; las buddy movies, las películas de compañeros, por lo general policías, en un contexto de film noir (en vez de ser el único héroe solitario Teddy Daniels, interpretado por Leonardo DiCaprio). Un veterano de la guerra en Europa, acarrea el trauma de los soldados que “liberaron” los campos de concentración, y se verá envuelto en una trama de engaños, paranoia y alucinaciones. No está nada mal esta suma de factores estilísticos, que va del mencionado policial al terror gótico (niebla, tormenta, castillo y fantasmas incluídos) con visiones surrealistas y thriller político pero sin ideología. Los numerosos flashbacks de Daniels en el campo de exterminio de Dachau están más cerca de la visión en boga sobre la Segunda Guerra Mundial con Tarantino y Spielberg a la vanguardia, que de (otra vez) Sam Fuller en Más allá de la gloria (The Big Red One, 1981).
   Martin Scorsese tenía varios elementos a mano para arriesgar un producto personal: una subtrama que involucra el rol del estado en la injerencia de las vidas de los ciudadanos norteamericanos, vigilados por Hoover y el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC en inglés) persiguiendo posibles e improbables comunistas, o el miedo a las bombas nucleares más poderosas que las lanzadas contra Japón. Además de la labor de ex–nazis colaborando en el desarrollo de la ciencia de sus antiguos enemigos.
   Muchas fueron las películas que reflejaron con diferentes resultados historias sobre alucinaciones y percepciones de la realidad: la manipulación y experimentación en veteranos de Vietnam por medios alucinógenos en Alucinaciones del pasado (Jacob´s Ladder, 1981) del videoclipero Adrian Lyne; paranoia y conspiración diabólica en El maquinista (The Machinist, 2004) de Brad Anderson, en el que un calavérico Christian Bale se libra de ello una vez que cura su insomnio; el tormento de vidas pasadas en Volver a morir (Die Again, 1989) de Kenneth Branagh. En fin, numerosas obras principalmente producidas por Hollywood, incluso en contextos del cine de género como la ciencia ficción; recordemos, cómo no, Muertos vivientes (título argentino para Invasion of the Body Snatchers) de Don Siegel, realizada en 1956. Esta paranoia como metáfora del miedo político de la Guerra Fría fue  puesta de manifiesto en El embajador del miedo (The Manchurian Candidate, 1962) de John Frankenheimer, en los años pre-Kennedy. El mismo director filmó una de las más escalofriantes pesadillas del cine en El otro Sr. Hamilton (Seconds, 1966) sobre un cambio de identidad a voluntad del protagonista, quien urde su muerte para renacer como… ¡Rock Hudson!, además de dar trabajo a varios actores incluidos en las listas del HUAC. Puede el lector jugar con su memoria cinéfila (Brazil, El juego, etc) sin olvidarse de directores como Roman Polanski: El inquilino (Le locataire, 1976) y la gran mayoría de su filmografía muestra un universo lleno de fobias y complots que le deben mucho al maestro Alfred Hitchcock. Cuéntame tu vida (Spellbound, 1946); El hombre equivocado (The Wrong Man, 1956); Vértigo (1958) y primordialmente Intriga internacional (North by Northwest, 1959) son las películas que enseñaron al mundo sobre lo que es luchar contra maquinaciones y fuerzas sobrehumanas armadas por la psiquis, el azar, la ambición y el mismo gobierno. Por manejar, además, algo de lo que carece este film de Scorsese: el suspense. Para lo cual recomendamos por enésima vez volver a releer El cine según Hitchcock de François Truffaut, explicando de alguna manera lo que es el suspense en un lenguaje visual, (…) “que es el medio más poderoso de mantener la atención del espectador, ya sea el suspense de situación o el que incita al al espectador a preguntarse: “¿Y ahora qué sucederá?”. En La isla siniestra sí hay sorpresa e interrogación intelectual, pero carece de emoción.
   Como señalaba un crítico ofendido por el motivo central de la película de Scorsese, éste ya fue filmado en los orígenes mismos del cine. Hilando muy fino hacía referencia a El gabinete del dr. Caligari (Das Kabinett der Doktor Caligari, 1919) de Robert Wiene, que es la proyección de un loco, el público ve lo que el personaje ve que en realidad es además la maquinación de un médico sobre su paciente. Más allá de los métodos behavioristas mostrados en el film, que no son de discusión, aquí el resultado parece estar más cerca de El nido de las víboras (The Snake Pit, 1948) obra de Anatole Litvak sobre la cura de una paciente mediante la hipnosis y el electroshock.
   Todo en La isla siniestra está subrayado, aclarado, para el espectador más perezoso. El colmo es la aclaración de los nombres reales y ficticios empleados con anagramas (con pizarrón y todo). La puesta en escena es quizá la más impersonal de toda su filmografía; el director de fotografía es Andrew Lisnie, el mismo de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001), con su cámara voladora incluida. La actuación de Di Caprio lejos está de representar otra característica de los personajes scorseseanos, si se permite el adjetivo: la lucha del cuerpo y el alma y su consecuente explosión física. No se manifiesta aquí ni se comprende la reacción cuando descubre que sus tres hijos fueron asesinados.
   Esperamos que la máxima “una para mí, otra para el sistema” (aprendida de King Vidor) vuelva a tener encarnadura en el viejo Martin y que su próxima película nos ofrezca un cine más personal, comprometido, valiente; en definitiva, una obra más entretenida que esta isla del terror. Puede ser que el único rastro de este cine recién aparezca sobre el final (dialogado pero no mostrado) cuando Teddy le dice a su (falso) compañero: “¿Qué podría ser peor, vivir como un monstruo o morir como un hombre?”.
    Tampoco entendimos a la crítica local cuando alabó con todas sus estrellas y sus adjetivos laudatorios este film, pero aclaró que puede disgustar a algunos. Para ellos, queremos acercarle al lector unos versos del poeta Raul González Tuñón:

“Debe exaltar el arte dirigido,
la idílica efusión decorativa
o la expresión grosera y barullera
de un falso inconformismo informalista".
             
              (de "El robot crítico de arte")












FICHA TÉCNICA
La isla siniestra

Shutter Island, EEUU, 2009, 138'
Dirección: Martin Scorsese
Guión: Laeta Kalogridis
Producción: Brad Fischer, Mike Medavoy, Arnold Messer, Martin Scorsese
Fotografía: Robert Richardson
Montaje: Thelma Schoonmaker
Sonido: Marko Constanzo
Música: Robbie Robertson (supervisión)
Intérpretes: Leonardo Di Caprio, Ben Kingsley, Mark Ruffalo, Michelle Williams.