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12º BAFICI: Competencia Internacional Lo que más quiero Por Griselda Soriano
Lo que más quiero (Delfina Castagnino, 2010) aborda una historia pequeña. Una chica viaja a la Patagonia a acompañar en el duelo a una amiga que acaba de perder a su padre. También ella está habituándose a la pérdida: su pareja de años parece estar desintegrándose. Ninguno de estos momentos se nos es mostrado; sólo se insinúan algunas de sus aristas y consecuencias, y principalmente el efecto que tuvieron y tienen en las dos protagonistas. En un marco idílico de montañas, lagos y bosques -que nunca llega a opacar el eje del relato- ambas lidian, como pueden, con sus estados emocionales, y con las situaciones que se les presentan. Este relato simple está estructurado a partir de una fuerte apuesta formal: la opción por el uso del plano secuencia en plano fijo. Pero esto no parece tener tanto que ver con intentar un despliegue de virtuosismo, sino con darles a cada escena y a sus personajes la posibilidad de encontrar su propio ritmo, de desplegarse, de ser analizados en detalle. Si bien algunas situaciones están más logradas que otras, la idea de explotar al máximo las posibilidades de cada una de estas pequeñas unidades constituye una búsqueda no sólo formal sino también narrativa interesante, y rigurosamente trabajada. Hay, quizás, cierta debilidad en lo que respecta a la unidad del conjunto que conforman estas pequeñas unidades, y sobre todo en la clausura del relato; si bien esto puede relacionarse con cierta intención de despegarse del relato clásico, también un final abierto debería funcionar como clausura. No hay frialdad en estas elecciones formales y de puesta en escena: por el contrario, Lo que más quiero es una película llena de emociones contenidas que sólo se dejan ver por momentos, que esperan todo el tiempo debajo de la superficie. En el tratamiento de los personajes y en las actuaciones y la dirección de ambas protagonistas -María Villar y Pilar Gamboa- hay una búsqueda de calidez que humaniza a dos personajes que corrían el riesgo de dejar al espectador afuera. Hay también un excelente trabajo del ritmo y el humor a partir del diálogo, sin que esto signifique un constante y recargado despliegue de ingenio. Medida en sus ambiciones -en un buen sentido, es decir, sin que esto signifique falta de ambición sino de soberbia- y lograda en sus resultados, Lo que más quiero constituye un debut prometedor para Delfina Castagnino. Cuchillo de palo Por Griselda Soriano
En Cuchillo de palo (2010), Renate Costa plantea un acercamiento en primera persona a la historia de su familia, que es, también, la historia de un país, de su pasado traumático, y de los temores y prejuicios que dejó marcados a fuego en el presente. En su primer largometraje, la realizadora paraguaya lleva adelante una investigación que busca esclarecer la muerte de su tío, “muerto de tristeza” según la versión familiar oficial, un homosexual perseguido –como todos- por la dictadura de Stroessner. La película procede, por un lado, como un clásico documental de investigación, con entrevistas y búsqueda de datos. Pero Costa, además, elige encarar el tema desde lo íntimo y lo personal, y es ahí donde Cuchillo de palo marca una interesante diferencia y potencia su planteo. En las conversaciones y discusiones de Renate con su familia, y en particular con su padre, la película retrata mejor de lo que lo podría hacer cualquier entrevista o material de archivo las heridas abiertas del pasado. Un sentimiento de impotente tristeza atraviesa todo el film, no sólo por los horrores cometidos en la dictadura sino también por las marcas indelebles que esos horrores han dejado en el presente. Como Costa dice en algún momento del metraje, “el miedo a hablar quedó clavado en todo el país”. Y ese miedo, esos prejuicios, esas ideas imposibles de remover, se transparentan en el padre de Renata, retratado respetuosamente como personaje pero sin dejar de evidenciar la doble moral y la negación que caracterizan a una generación demasiado habituada a vivir en el silencio. Esta inmersión en la intimidad incomoda y moviliza al espectador, y, sobre todo, hace visible cómo ese pasado todavía es presente en la vida cotidiana. Estas confrontaciones adquieren un matiz que va mucho más allá de lo autobiográfico; la película se ubica allí donde lo histórico y lo íntimo se cruzan. Y así es el choque generacional lo que permite abrir una esperanza, incluso dentro de la oscuridad de un país oprimido que aún hoy no logra resolver (como tantos otros en Latinoamérica) sus terribles traumas históricos. Go Get Some Rosemary Por Griselda Soriano
Buscando un camino propio dentro de la extensa y variada tradición de cine independiente norteamericano, los hermanos Safdie cuentan en Go get some Rosemary (Josh & Benny Safdie, 2009) la historia de un padre que no sabe serlo, y de su relación con sus dos pequeños hijos, quienes quedan a su cargo por quince caóticos días. Entre la comedia y el drama, y tan lejos de la crítica como de la posibilidad de redención, las peripecias de Go get some Rosemary giran en torno a la construcción de un protagonista fuerte que oscila entre lo querible y lo irritante. Porque Lenny no sabe qué hacer con sus hijos, pero su conexión con ellos es incuestionable, y porque los adultos responsables que aparecen en el film tampoco parecen ser, en el fondo, mejores. Pero los Safdie se encargan de que esta trama, que en otras manos podría haber virado hacia una nueva versión de la típica historia del adulto-con-alma-de-niño, con aprendizaje madurativo de por medio, se mantenga lejos de lo edulcorado. El planteo de los Safdie se encuentra tan lejos de las acusaciones como de las moralejas; es un acercamiento lúdico y afectuoso –no hay que olvidar que estamos hablando de una película con mucho de autobiografía- a un personaje que sufre y disfruta por partes iguales de su desmedida inmadurez. Con Nueva York de fondo, y una inquieta y movediza cámara en mano que se inmiscuye todo el tiempo en la acción, Go get some Rosemary construye una innegable cercanía con sus personajes. Mención aparte merece la actuación de los dos pequeños coprotagonistas, y la construcción de ambos personajes a partir de la sana idea de que, incluso en una película, los niños deben actuar como niños. Sin embargo, y sin caer para nada en los sermones, los Safdie logran introducir cierta distancia crítica que se inmiscuye en el relato. Por más entrañable que resulte por momentos la figura de Lenny, la posibilidad de identificación no deja de ser obturada por unas cuantas vueltas de la trama que se acercan al absurdo y que ponen en cuestión la posibilidad de criar a un hijo siendo todavía niño, así como la posibilidad de que los hijos representen un vehículo para quién sabe qué extraña posibilidad de salvación. A contracorriente del abordaje clásico de la problemática adulto (i)rresponsable/pequeños a su cargo, y de la a-dramaticidad del también newyorkino mumblecore, Go get some Rosemary apuesta por la narración; una narración difusa y llena de posibles puntos de fuga pero sólida. Una apuesta fuerte para un cine independiente, norteamericano o de cualquier procedencia, que muchas veces confunde el alejarse del clasicismo con las dificultades para resolver una historia. Police, Adjective Por Griselda Soriano
Police, adjective (2009) -el segundo largometraje de Corneliu Porumboiu, luego de la elogiada Bucarest 12:08 (2006)- llegó al BAFICI luego de un exitoso recorrido por varios festivales europeos. Con esas expectativas ocurrió lo de siempre: muchos confirmaron su reputación previa, y otros tantos la consideraron sobrevalorada. Tal vez ambos extremos sean justo eso: extremos. Porque es cierto: Police, adjective tiene sus altibajos, pero es un film más que interesante. El film retrata la corrupción y la ineficacia policial reinantes en Rumania, pero desde un costado inesperado: no desde la acción, sino del tedio. No parece haber aquí amenazas violentas o maltratos físicos, al menos no a simple vista. Tan sólo un joven policía de pueblo chico al que se le encarga seguir a un muchacho cuyo único crimen parece ser fumarse un porro de vez en cuando con sus amigos. Cristi lleva a cabo un absurdo y exhaustivo seguimiento para determinar la culpabilidad del chico, como único posible acto de resistencia ante sus compañeros y superiores que no dejan de repetirle que tiene que sacarse la situación de encima lo más rápido posible. Es cierto que, en su retrato del aburrimiento, la película corre el riesgo de que algo de ese tedio sea transmitido al espectador. Pero Police, Adjective tiene dos escenas antológicas que bien valen toda la película, y que, inesperadamente, giran alrededor del lenguaje (y de manera literal): la discusión de Cristi con su esposa por la letra de una canción que ella no deja de escuchar, y, sobre todo, el increíble clímax, con el jefe de Cristi imponiendo todo su poder a fuerza de humillaciones a través de un diccionario (y sí: de ahí el título). Ninguna escena de superacción podría haber transmitido mejor el absurdo y el abuso de poder que reinan en la administración pública. La mínima escena final que sucede a este clímax resuelve lo que el espectador ya había podido anticipar, pero no por ello se vuelve menos poderosa, sino todo lo contrario. Aunque sea por este clímax, la futura carrera de Porumboiu merece ser seguida. |
![]() FICHA TÉCNICA Lo que más quiero DIRECCIÓN: Delfina Castagnino PAÍS: Argentina AÑO: 2010 GUIÓN: Delfina Castagnino FOTOGRAFÍA: Soledad Rodríguez PRODUCCIÓN: Ivan Eibuszyc, Felicitas Soldi INTÉRPRETES: Pilar Gamboa, María Villar, Esteban Lamothe, Leonardo Castañeda ![]() FICHA TÉCNICA Cuchillo de palo DIRECCIÓN: Renate Costa PAÍSES: España y Paraguay AÑO: 2010 GUIÓN: Renate Costa FOTOGRAFÍA: Carlos Vasquez MONTAJE: Nuria Esquerra PRODUCCIÓN: Marta Andreu ![]() FICHA TÉCNICA
Go Get Some Rosemary (Daddy Longlegs) DIRECCIÓN: Joshua Safdie y Benny Safdie AÑO: 2009 PAÍS: Estados Unidos GUIÓN: Josh Safdie, Benny Safdie FOTOGRAFÍA: Brett Jutkiewicz, Josh Safdie MONTAJE: Josh Safdie,Benny Safdie, Brett Jutkiewicz, Ronald Bronstein PRODUCCIÓN: Casey Neistat, Tom Scott INTÉRPRETES: Ronnie Bronstein, Sage Ranaldo, Frey Ranaldo, Victor Puccio, Eleonore Hendricks ![]()
FICHA TÉCNICA
Police, adjective DIRECCIÓN: Corneliu Porumboiu PAÍS: Rumania AÑO: 2009 GUIÓN: Corneliu Porumboiu FOTOGRAFÍA: Marius Panduru MONTAJE: Roxana Szel PRODUCCIÓN: Marcela Ursu INTÉRPRETES: Dragos Bucur, Vlad Ivanov, Ion Stoica, Irina Sailescu, Cosmin Selesi |